Después de confirmada la baja del cabecilla guerrillero Arquímedes Muñoz, alias "Jerónimo", la operación Marzo fue calificada como una hazaña por parte del Ejército Nacional. Si bien es cierto que un país no debería alegrarse por la muerte de un ser humano bajo ninguna circunstancia es, de igual forma, un gran avance en la lucha contra el terrorismo.
A pesar de un cambio de gobierno relativamente reciente, se puede percibir una línea continua en las políticas contra los grupos al margen de la ley, cosa que le ayuda al país a mantener un avance paulatino en materia de seguridad.
Teniendo en cuenta lo anterior, es plausible el esfuerzo realizado por el Gobierno del presidente Santos para intentar erradicar estos flagelos de violencia, pero tampoco debemos dejar de lado que cada una de estas acciones tienen un trasfondo político que va más allá de lo evidente.
Acabar con los hechos delictivos en su totalidad es una utopía, pero hay que reconocer que una mano dura contra los insurgentes, representa una forma a posteriori para tratar una situación que viene de muchos años atrás.
Haciendo uso de la fuerza se debilitan las filas de grupos que han mantenido en jaque por décadas a la población colombiana, arremetiendo contra los civiles en pueblos, ciudades y zonas rurales a donde muchos nunca hemos llegado. Por esta razón, es importante respaldar, en las situaciones legítimas y que lo ameriten, el accionar de aquellos que defienden y protegen la paz en nuestro territorio.
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