martes, 26 de abril de 2011

La pluma de palo (No. 3)

Una vez fui a comprar libros de segunda en la Plaza de San Nicolás en el centro de Barranquilla, y me encontré, luego de unos minutos de haber estado caminando, metido en un ataúd de forma vertical con paredes interiores llenas de carátulas decoloradas y mucho polvo. Sí, era una casucha hecha de madera que al ser tan estrecha, no dejaba espacio al aire ni tampoco a la luz. Aunque sudé mucho, lo disfruté.

Son experiencias distintas alrededor de la literatura las que se pueden vivir en una ciudad tan pintoresca como Barranquilla. Están desde las librerías que venden libros nuevos en cuantiosas sumas, hasta aquellos rincones poco visitados donde si tienes suerte, puedes encontrarte con algún tesoro. Generalmente, estos últimos hay que visitarlos con tapabocas incluido.

Me place ver que en un territorio de contrastes hay libros para todos los gustos, aunque la mayoría del tiempo no haya para todos los bolsillos. La gente no compra los libros porque los libros son caros, y los libros son caros –entre otras cosas– porque la gente no los compra y deben subir los precios para poder recuperar algo de esa inversión. Esto es una lástima, puesto que se está fomentando la lectura y la sensibilización desde la poesía y otras expresiones, y por consiguiente debería existir un mercado que posibilite la adquisición de textos de gran variedad para todos los intereses y niveles económicos.

Una persona que se gana un salario mínimo en Colombia ($535.600 COP) no puede darse el lujo de comprar por lo menos dos libros nuevos al mes –como suele suceder en algunos países, en donde incluso se compra hasta más de uno por semana–, porque representaría, en algunas de las librerías más conocidas, cerca de una quinta parte de su salario mensual.

Me quedan muchas dudas sobre la forma en que se está manejando este asunto. ¿Qué hacemos entonces? Para mí, hay muy pocas cosas mejores que comprar libros, pero, ¿nos tocará trabajar más para tener más dinero y poder adquirir los textos, para luego no tener tiempo para leerlos por laborar tanto? La literatura no es tan asequible en nuestro país exceptuando cierto número de bibliotecas, las cuales son, en algunos casos, demasiado restrictivas y exclusivas en el uso y préstamo de los libros.

En Colombia los libros a veces parecen estar en estantes que miden más de 5 metros de altura, en un país donde se quemaron todas las escaleras. Tenemos que apoyarnos en nosotros mismos, los lectores –y los que se están convirtiendo en unos–, para echarnos una mano y poder alcanzar esa sabiduría y esa entretención que están escondidas entre miles de páginas.


eduarbarbosacc@gmail.com

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